La atmósfera en la habitación era tensa y cargada de electricidad. La irrupción de Samer había cambiado el curso de la conversación de manera abrupta. Al-Fayed, al ver su rostro serio, frunció el ceño, pero no mostró signos de intimidación.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Al-Fayed, su voz fría como el acero.
Samer no respondió de inmediato; su mirada se centró en Agatha y Marta, y en un instante, pudo ver el temor en sus ojos. La situación había escalado rápidamente, y su instinto protecto