El día de la reunión con Al-Fayed había llegado. Agatha se despertó temprano, la luz del sol filtrándose a través de las cortinas, proyectando patrones dorados en el suelo de la habitación. Sin embargo, no sentía el calor reconfortante de la mañana. En su lugar, un nudo de nerviosismo se formaba en su estómago.
Samer había preparado un plan meticuloso, y a pesar de la confianza que le transmitía, la idea de enfrentarse directamente a Al-Fayed le producía un ligero escalofrío. Se vistió con un