La atmósfera en la sala se volvió eléctrica cuando Al-Fayed bloqueó el camino de Agatha y Marta. La tensión era palpable, y Agatha sintió cómo el sudor comenzaba a resbalar por su frente. Su mente se disparaba, buscando una salida mientras la figura imponente de Al-Fayed se acercaba.
—¿Qué hacen ustedes dos aquí? —preguntó Al-Fayed, su mirada afilada como un cuchillo.
Agatha intercambió una rápida mirada con Marta, que también estaba claramente nerviosa. Sin embargo, Agatha sabía que no podían