La madrugada había caído sobre ellos con una sensación densa y ominosa. En la penumbra de la oficina improvisada, Agatha y Samer repasaban los últimos detalles del plan. El archivo que buscaban no era solo un simple archivo digital; contenía secretos que podrían desmantelar por completo a Rashid y su red, pero también era la pieza más valiosa que el enemigo poseía. Sabían que, si lo conseguían, ganarían mucho más que una batalla: ganarían la guerra.
Agatha ajustó el micrófono en su oreja, obser