Apenas habían pasado unas horas desde la reunión en la que Agatha y su equipo decidieron unir sus voces, pero el eco de sus testimonios resonaba en toda la empresa. Los medios comenzaron a cubrir la historia, y la presión sobre Al-Fayed aumentaba cada día. Sin embargo, la alegría y la sensación de unidad entre los empleados se vieron rápidamente empañadas por la furia del CEO.
Esa mañana, Agatha y Samer llegaron a la oficina con el corazón lleno de esperanza, pero también con un presentimiento