El silencio que siguió a la reunión fue ensordecedor. Agatha y Samer salieron de la sala, sintiendo la tensión aún vibrando en el aire. Mientras caminaban, se encontraron con miradas curiosas y preocupadas de sus colegas, que esperaban saber cómo había ido la confrontación con Al-Fayed.
“¿Qué piensas que hará ahora?” preguntó Samer, frunciendo el ceño mientras se alejaban de la sala de conferencias.
“No lo sé, pero dudo que se quede de brazos cruzados,” respondió Agatha, sintiendo un nudo en el