La mansión estaba en silencio, pero el ambiente seguía cargado de tensión. Samer caminaba por los pasillos con pasos firmes, sintiendo el peso de cada decisión tomada en las últimas horas. La traición había dejado una marca profunda en su mente, y aunque su determinación no flaqueaba, sabía que los próximos movimientos serían cruciales.
Agatha lo esperaba en el salón principal. Había encendido una pequeña lámpara, cuya luz cálida contrastaba con la oscuridad de la noche que se filtraba por las