El aire estaba pesado, cargado de una tensión que ni siquiera el constante flujo de pensamientos podía disipar. Agatha caminaba de un lado a otro dentro de la habitación, el sonido de sus pasos retumbando en las paredes vacías. Samer, sentado frente a la mesa, no dejaba de mirarla, su rostro impasible como siempre, pero sus ojos reflejaban una inquietud que no podía ocultar.
—Necesito saber que tomaremos la decisión correcta —dijo Agatha finalmente, deteniéndose frente a él. Su voz era baja, pe