El atardecer cubría el horizonte con tonos dorados y anaranjados, mientras Agatha y Samer se encontraban de pie en el balcón de la mansión, observando el paisaje sereno que los rodeaba. Los eventos recientes habían sido agotadores, pero por primera vez en mucho tiempo, ambos sentían una calma profunda, como si el peso del pasado finalmente hubiera comenzado a disiparse.
Agatha, apoyada contra la barandilla, dejó que la brisa suave acariciara su rostro. Samer estaba a su lado, en silencio, pero