Reina
Durante unos segundos después de que el sedante hiciera efecto, nadie se movió. La habitación parecía congelada en el tiempo.
Caine yacía inmóvil en la cama, su pecho subía y bajaba con movimientos lentos e irregulares. La violencia de hacía un momento aún flotaba en el aire como el humo después de un incendio.
Lo intenté, pero no pude dejar de mirarlo, las sábanas rasgadas, las profundas marcas que sus garras habían dejado en el cabecero de la cama y, en definitiva, todo el caos que habí