Reina
El camino hacia él se me hizo más largo de lo normal. No porque el pasillo hubiera cambiado, sino porque cada paso me provocaba una punzada de dolor en el cuerpo.
El zumbido no había cesado. Al contrario, parecía haberse intensificado. Palpitaba en la nuca como una cuchilla raspando el hueso y, cada pocos segundos, se repetía con tanta fuerza que me nublaba la vista.
Aaron se quedó a mi lado, con un brazo cerca de mí, como si esperara que volviera a desmayarme.
No se equivocaba.
—Tranquil