Reina
Seguía vibrando, mis muslos se contraían por la fuerza del clímax que acababa de arrancarme, pero Caine no me daba ni un segundo para respirar. Se movía con una gracia depredadora, quitándose la ropa que le quedaba hasta que estuvo ante mí en todo su aterrador esplendor.
Se me cortó la respiración en cuanto mis ojos se posaron en su polla. Enorme debía ser el eufemismo más grande del siglo, y mientras veía su punta brillar con líquido preseminal, no pude evitar lamerme los labios con anti