Reina
El silencio en la habitación era algo vivo, pesado y sofocante. Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas como un pájaro atrapado, el ritmo errático y fuerte en la quietud. La pregunta de Caine, la que lo había detenido todo, aún flotaba en el aire, fría y exigente.
"Dime, Reina". Aún podía oír su voz en el fondo de mi cabeza. "Sigues siendo virgen, ¿verdad?".
Habían pasado poco más de unos minutos desde que me hizo esa pregunta, pero el recuerdo seguía fresco en mi mente, y de rep