Mauricio se mantuvo sereno durante todo el proceso, como si la ceguera no fuera un gran obstáculo para él. Valeria recordó que, hace catorce años, él ya había perdido la vista una vez. Aquella ocasión fue grave; sus ojos estaban vendados con gruesas capas de gasa, pero aún así, mantenía su calma habitual. A veces, mientras hablaban en el balcón, su rostro incluso mostraba una tenue sonrisa.
Valeria se preguntó por qué debería recordar todo eso si su lesión era asunto suyo. Frunció ligeramente el