XXIII
A través de la reja, aferrado a la pierna de Noah, el muchachito rubio luchaba con todas las fuerzas de su cuerpo, para que el verdugo no se llevara al joven del Canadá. Le halaba todo lo fuerte que podía e intentaba clavar sus uñas a la mano del hombre malo para que no se lo pudiera cargar. Estaba desesperado mientras adentro, todo era un caos. La fiesta se estaba convirtiendo en escenario de locura y muerte. No se sabía de dónde podían salir tantos disparos, tantos lamentos ahogados. S