Dejando atrás las superficies relucientes y el cromo pulido, caminé en silencio por el pasillo hasta encontrar las oficinas donde trabajaría con Dominic durante nuestra estancia. Más ventanas que dejaban entrar la luz a raudales. Vi un escritorio que supuse era el mío y otro enorme que solo podía ser suyo.
También reinaba un caos semi-organizado. Hice una mueca. Fawna me había contado el viernes por qué se iba, y me dio mucha pena por ella. Eso también explicaba el estado en que estaba la ofici