Capítulo 118

—No te creo.

Estábamos en el vestidor de la suite principal, rodeados de mis vestidos de seda y el olor a miedo.

Alejandro estaba de pie frente al espejo de cuerpo entero, ajustándose la corbata negra con manos que temblaban visiblemente.

—Lo he dicho bien —protestó, mirándome a través del reflejo.

—Lo has dicho como un niño asustado que recita un poema en el colegio. —Me acerqué a él, invadiendo su espacio personal—.

Dante no es estúpido, Alejandro. Es un depredador. Huele la mentira. Si le va
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