El parque bullía con vida bajo un cielo encapotado, para Valeria, sentada en un banco de madera, el mundo era un tablero de ajedrez donde cada movimiento podía ser letal. Sus manos acariciaban el cabello de Sofía, que se acurrucaba en su regazo, trenzando mechones con dedos pequeños y curiosos. Gabriel correteaba cerca, su risa como un eco de libertad que le apretaba el corazón. A su lado, Clara vigilaba en silencio, su mirada inquieta escudriñando el horizonte. Valeria, con su vestido negro aú