El almacén aún palpitaba con el eco del beso de Diego, el sabor de su deseo aferrándose a los labios de Valeria como una promesa rota. Pero la aparición de Carmen, con su mirada de acero, había cortado el aire como una guillotina. El mensaje anónimo —Mantente lejos de él— destellaba en su teléfono, una amenaza que se enredaba con la culpa y el miedo que la consumían. Carmen estaba frente a ellos, su presencia un recordatorio cruel de la vida que Diego había prometido a otra.
—Carmen, no es lo q