La medianoche envolvía el Hospital General de San Juan en un manto de silencio, roto solo por el zumbido de las luces fluorescentes y el eco de los pasos de Valeria en el pasillo desierto. El mensaje anónimo quemaba en su mente: Si quieres saber quién es el padre de Pablo, reúnete conmigo en el almacén del hospital. Medianoche. Ven sola. Cada palabra era un anzuelo, tirando de ella hacia un abismo de secretos que temía y anhelaba desentrañar. Pero no estaba sola. Diego la seguía, sus pasos firm