―Oh, es la verdad y lo sabes Robert, ¡se te da mejor! ―
―Ya, pero ¿lo de cabeza dura era necesario? ―
―Sí, ¡por terco! ―gruñó Charles negando con la cabeza ―Princesa, el total sería de ochenta Seles ―
―Maestro, cóbreme el precio real ―dijo Anna frunciendo el ceño, pues el precio marcado en la guitarra era de doscientos
―De ninguna manera ―dijo el hombre con seriedad ―Princesa, para mí es un honor hacerle este descuento, ya que ha tomado una de mis mejores guitarras, con su conocimiento, algo me