― “¡No caigas!” ―le gruñó Damon ― “Que no te consuma la ira…” ―
―Pero, Damon… ―
―Quítate, quítate, quítate, ¡quítate! ―exclamó Gael, quien, al volver a su lado, volvió a derrapar antes de arrodillarse junto a Anna justo cuando Dante se apartó
― ¿¡Dónde diablos estabas!? ―rugió el joven ― ¿Por qué tardaste? ―
― ¡Trata de encontrar unas malditas pinzas quirúrgicas en una condenada farmacia de conveniencia! Venga, ¡te reto! ―exclamó Gael antes de inspirar profundamente en un pobre intento de contr