Capítulo 29: Sombras y silencios.
― ¿Quién? ―preguntó Rebecca apresurándose a empuñar una espada, una que, para sorpresa de Arioch, no era la de Darién
―El vigilante… ―respondió Anna en un susurro antes de mirar a Arioch, quien sólo asintió con suavidad
Sí, él también lo había sentido. Justo cuando Byron había partido de regreso al territorio, una fría sensación se había alojado sobre su nuca. Sin embargo, debido a que Anna aún temblaba entre sus brazos ante la mención de Lucien, él se había decidido por guardar silencio.
Optan