Capítulo 34.6: Mujeres al límite.
Sin darle tiempo a nadie a responder, la puerta de la sala se abrió de golpe y un muy mareado Alastor entró tambaleándose a la sala intentando parecer un héroe, sin embargo, su coordinación era la de un cervatillo recién nacido.
― ¡Ya llegué amor mío! ―exclamó con alegría, una que, a Iva, no le gustó
―Alastor… ―gruñó la Luna con los dientes apretados ― ¡¿Acaso estás borracho?! ―
― ¡Claro que no aborcito! ―
― ¡¡Alastor!! ―gritaron Iva e Idylla a la vez
― ¡No lo estoy! ―repitió el alfa sujetándos