Giacomo
Llego a casa de Isabela tan rápido como puedo. Compruebo con tranquilidad que el personal que he dispuesto para custodiar su casa las veinticuatro horas están alertas.
Abre la puerta una empleada.
—Lo espera en su oficina —dice la mujer, camino hacia allí, está detrás de su escritorio de cristal, con pose seria, me mira cautelosa, no se levanta.
—Vine tan rápido como pude, ¿de qué se trata?
—Siéntante —ordena con imponencia, lo hago, nos miramos a los ojos como si unos días atrás no aca