Me quedo dormida por unos minutos, me levanto molesta y golpeo a Giacomo quien me mira de forma fija.
—Debiste despertarme, no quiero dormir —me quejo.
—También tienes que descansar, nada va a cambiar, ellas están encerradas allí.
Niego con la cabeza, la opresión de mi pecho crece y siento que cada vez respiro con más dificultad.
—Mi hija está encerrada por mi culpa.
—No es tu culpa, Claudio no tendría que ser el maldito psicópata que es.
Aspiro aire y lo suelto con pesadez.
Suena mi celular, e