Capítulo 40
Mi madre carga a mi hija, sonríe y se ve tranquila y feliz, aspiro aire y trato de concentrarme en lo que me ha dicho Giacomo: Claudio me está buscando.

No puedo decirle a mi madre, no quiero preocuparla, me acerco a Ana, que contesta mensajes de clientes.

—Ya mandé las facturaciones, solo estoy notificando por mensaje a los clientes —me explica. Afirmo con la cabeza y le sonrío, me siento a su lado.

—Ana, no tengo cabeza ahora para nada.

—¿Por qué? ¿Qué pasó?

Suspiro, cierro los ojos, los abro
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