"Nunca ha sido culpa de quien hiere o de quien llora. Culpa del que se enamora"
Oshin Itreque
El jardín estaba silencioso, apenas interrumpido por el susurro del viento entre los árboles. La luna brillaba tenue en el cielo, y yo estaba allí, sentado en una de las viejas bancas de madera, sintiéndome más miserable de lo que jamás me había sentido en mi vida. Si lo que temía se hacía realidad, entonces no solo sería infeliz... sino que perdería la única razón por la que mi corazón aún latía con s