-Muy bien, Rodic.- Festejé con él cuando me leía las palabras. Aprendía rápido y Oshin lo había inscrito en el kínder de aquí antes de todo lo que había ocurrido. Verlo tan concentrado en sus libros me hacía sentir un nudo en el corazón. Había crecido tanto en tan poco tiempo, y no podía evitar sentir un dolor profundo por todo lo que había perdido.
-Quisiela que mi papá me escuchala -dijo en voz baja, mirando el libro en sus manos con nostalgia. Sus ojos brillaban, pero no era la misma chispa