-Se durmió... -afirmé, mirando a Roderick en mi pecho. Su pequeño cuerpo estaba relajado, acurrucado contra mí como un refugio en medio de la tormenta. Garret asintió, observando la escena con una calma que contrastaba con el torbellino de emociones que sentía en mi interior.
-Es hora -dijo, con una suavidad que parecía envolverme. Su voz era baja, casi como un susurro. Asentí, sin poder evitar una última mirada a Roderick. Con cuidado, lo acomodé en la cama, asegurándome de que estuviera cómo