Ahora sí.
Mi paciencia se agotó por completo. Caminé con pasos firmes y decididos hacia la mesa donde descansaba aquel odioso jarrón verde, ese maldito objeto que parecía burlarse de mí cada vez que lo miraba. No entendía por qué me provocaba tanto fastidio, pero ahí estaba, con su color chillón y su forma anticuada, atormentándome. Sin pensarlo dos veces, lo tomé entre mis manos con fuerza, sintiendo el frío de la cerámica contra mis dedos. Lo elevé por encima de mi cabeza, dispuesta a lanzarl