Oshin Itreque
Entramos a la manada, y el caos me golpeó con la misma intensidad que una tormenta imparable. Los murmullos se entrelazaban en un ruido ensordecedor, las figuras de los guerreros y demás miembros de la manada corrían de un lado a otro, frenéticos, y el ambiente estaba cargado de una tensión palpable que me calaba hasta los huesos. Cada paso que daba se sentía más pesado, como si el aire mismo estuviera tratando de detenerme, asfixiarme. El miedo, la incertidumbre, todo parecía con