Ya era hora. La luna brillaba intensamente, como una señal silenciosa de que el momento había llegado. Cerré los ojos y suspiré profundamente, dejando que cada inhalación llenara mis pulmones de aire frío. Sentía cómo mi corazón latía con fuerza, como si no solo mi cuerpo, sino mi alma misma estuviera luchando contra la ansiedad. Trataba de usar toda mi energía para detener, aunque fuera por unos segundos, el tiempo. Necesitaba que el mundo se congelara, que todo dejara de moverse, para darme u