28. La Tormenta
El silencio es una bestia que me devora.
Estoy ahí, en el suelo, con las rodillas dobladas y la respiración rota, como si cada bocanada de aire me arañara los pulmones.
Lena se ha ido.
Es una verdad absoluta.
Y, sin embargo, mi mente se aferra a la posibilidad de que todo esto sea una pesadilla, de que en cualquier momento ella vuelva a abrir la puerta y diga que se ha equivocado, que no puede estar sin mí, que nunca debió irse.
Pero la puerta no se abre.
Y lo único que queda es el vacío.
Me po