73. BUSCANDO A HELENA.
La ciudad parecía tranquila, la vida de todos seguía pero el destino estaba tejiendo los hilos de cada uno de ellos. El viento soplaba tan fuerte, que Ana bajó sus lentes.
Su rostro estaba demacrado, no había podido estabilizar su riqueza, todo parecía salir mal. La familia Bell estaba en la quiebra por su reputación. Estaba sola, nadie confiaba en ella.
— Hace buen día hoy, querida Ana.
Escuchar la voz del viejo que la seguía a todos lados, la hizo torcer los ojos.
— Si, doctor.