101. EL HEREDERO CALLAHAN.
El silencio cayó de golpe sobre la pequeña sala.
Sonia y Helena, sentadas en el sofá, compartían sus consejos a Verónica. Mikkel, el pequeño de un año, jugaba felizmente con un bloque de madera en el suelo.
Pero la calma se rompió con tres golpes secos y firmes en la puerta.
No fue una llamada suave, sino un impacto que hizo vibrar el marco. El sonido heló la sangre de las tres mujeres al instante.
Se miraron entre sí, la sonrisa de Verónica se desvaneció. Todas sabían que una visita a