Entre el miedo y el deseo.
La histeria de Selene no la esperaba Reiden.
—Debes rechazarla.
—¿Te has vuelto loca? ¿Y cuál es la opción? Moriré…
—Es que esto debe ser una prueba, y la estamos reprobando. No puede ser que tu hembra destinada sea una vulgar mujerzuela.
El lobo de Reiden gruñó en su pecho, como un trueno contenido, y su hermana se preparó para recibir el golpe.
—Da un paso atrás, Selene.
—No puedes defenderla, ¿lo sabes, no es así?
—No repitas lo que has dicho. Yo quizá puedo tolerarlo porque soy tu herm