Capítulo 41 —Después del golpe
Narrador:
Mónica regresó a la casa con el cuerpo rígido, como si cada músculo estuviera sosteniéndose por pura voluntad. Abrió la puerta despacio, sin hacer ruido, pero el silencio que encontró del otro lado no fue alivio: fue una espera. Rodrigo estaba de pie, junto a la ventana del living, con los brazos cruzados. Lucía, sentada en el sillón, tenía las manos entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos se le veían blancos.
Los dos levantaron la vista al mismo tiempo.
—¿Y? —preguntó Rodrigo, sin rodeos.
Mónica dejó el bolso sobre una mesa auxiliar. Tardó unos segundos en responder. No porque no tuviera palabras, sino porque tenía demasiadas y ninguna podía salir sin arrastrar consecuencias.
—Hablé con Clarisa —dijo al fin.
Lucía se incorporó apenas.
—¿Qué te dijo?
Mónica evitó mirarla directamente. Se llevó una mano al cuello, como si le faltara el aire.
—Dice… —se interrumpió —Dice que no entiende de qué estás hablando. Que lo del niño es una confusió