Janette estaba sentada en su oficina, balanceándose en la silla mientras su mente vagaba lejos. Ver a Genevieve esa mañana arruinó su ya amargo humor.
Recordó lo cruel que había sido aquella mujer con ella, y por la manera en que Genevieve le habló hoy, estaba segura de que el odio seguía intacto.
Pasó por el infierno en manos de Genevieve, y no iba a permitir que esa mujer la rompiera otra vez. Ya no era la Janette a la que la gente podía pisotear, ya no era la esposa marioneta que siempre era