Unos minutos después, él regresó y la encontró aún sentada bajo el roble, con la mirada perdida y los ojos vidriosos. La luz de la luna bañaba su piel con un resplandor pálido, como si intentara acunarla con su suave toque. Con delicadeza, sin decir una palabra, extendió su mano hacia ella.
Janette levantó la vista, y algo en la mirada firme de Lucas la ancló. Con un pequeño asentimiento, colocó su mano en la de él, y él la ayudó a ponerse de pie.
—¿Lista? —preguntó suavemente.
—No —susurró ella