—Me lo imagino —dijo tras unos minutos de silencio, inclinándose ligeramente hacia delante—. Sabrina me estaba contando lo involucrado que estás. Eres un hombre muy dedicado.
Scott asintió una vez, secamente. —La dedicación es necesaria.
—Aun así —continuó ella, imperturbable—, deberías permitirte relajarte más. Un hombre como tú merece que lo mimen. ¿No crees, Sabrina?
Su mirada se dirigió a mí de repente, y me quedé helado con la boca llena.
—Yo… eh… sí, supongo —murmuré—. Pero a Scott no le