Scott no dijo nada durante un rato. Simplemente me observó mientras terminaba con mis últimas cajas.
Fue entonces cuando caminó hacia mí lentamente, como si temiera que un movimiento en falso me hiciera desaparecer o que me enfadara aún más. Me quedé de pie junto a la cama, con una mano apoyada en la cremallera de una maleta a medio hacer, preparándome para otra discusión o para otra súplica para la que no tenía energía.
Cuando llegó a mi lado, no me agarró de los brazos ni me bloqueó el paso c