Había pasado un mes.
Un mes y unos días, para ser exactos.
Contaba porque fingir que no lo hacía era imposible.
Las vacaciones de verano se desvanecían lentamente con solo tres semanas restantes. Los días se habían convertido en una rutina de mañanas tranquilas, tardes largas, noches fingiendo que no oía los pasos de Ace en los pasillos ni sentía su presencia como un fantasma flotando fuera de mi alcance.
Había perfeccionado la ley del hielo..., y con Scott de viaje de negocios, era aún más dif