—Gracias —respondió, con un suspiro más relajado. —Voy a ponerme la pijama y… necesito algo de privacidad, por favor. Solo por un momento.
Alejandro asintió, levantándose lentamente de la cama, aunque su mirada seguía fija en ella. El espacio entre ellos se hacía más palpable ahora, pero no de una manera incómoda, sino de una manera que invitaba al respeto, al entendimiento mutuo. Él caminó hacia el otro lado de la habitación, sin decir una palabra más.
Luciana se dirigió hacia el armario, abri