92. ¿Confiar en ti?
Cuando llego, el aire huele a sal y metal oxidado. La luz de la luna ilumina tenuemente el agua, y el sonido de las olas es lo único que rompe el silencio. Es un escenario digno de una tragedia, lo que parece apropiado, considerando todo.
Vicente está allí, de pie junto al agua, con las manos en los bolsillos. No necesita un ejército detrás. Solo su presencia ya es lo suficientemente intimidante.
—Llegas justo a tiempo —dice, sin siquiera mirarme.
—Como siempre —respondo, tratando de mantener l