80. Las piezas más peligrosas.
Vicente me mira con una intensidad que podría hacer temblar a cualquiera, pero a mí solo me provoca. Él cree que el mundo puede doblegarse a su voluntad, y tal vez tenga razón, en parte. Pero hay algo en esta situación que lo está sacando de su zona de confort, y eso me fascina.
—Voy a encontrarla —dice, cada palabra cargada de una rabia contenida—. Y cuando lo haga, va a desear nunca haber salido de las sombras.
—Me pregunto… —murmuro, pasando mis dedos suavemente por su pecho, viendo cómo su