43. Mantente cerca.
Lo empujo hacia el interior del edificio. El lugar huele a polvo, a metal oxidado y abandono. Ferrer tropieza un poco al entrar, mirando a su alrededor, buscando una salida que no existe. Lo coloco en una silla que encontré en medio de lo que probablemente fue una oficina hace décadas, y lo ato con una cuerda que saqué del maletero. Siempre preparada.
—¿Qué es lo que quieres, Valeria? —pregunta, ya más desesperado. Su tono se ha vuelto más agudo—. Vicente va a matarte cuando se entere de esto.