24. Es él mismo.
El trayecto a mi apartamento es tranquilo, pero mi mente no para. El rostro de ese hombre en el Bar Rouge sigue invadiendo mis pensamientos. Esa calma peligrosa, esa seguridad absoluta de que tiene el control. Esas cualidades son las mismas que siempre me han atraído de Vicente, pero también las que, irónicamente, me han empujado a buscar una salida.
Al llegar a casa, me quito los zapatos y me desplomo en el sofá. Estoy agotada, pero no por el día, sino por lo que implica. Tomo mi celular de nu