159. Eso no va a pasar.
El sonido del motor acercándose hizo que mi corazón diera un vuelco. Sabía que el tiempo que habíamos ganado con ese beso se había evaporado. No teníamos margen para errores, ni para más momentos robados. Vicente se enderezó rápidamente, mirando hacia la puerta de la fábrica como si esperara ver un fantasma atravesarla de un momento a otro. El silencio de su seguridad me inquietaba más que cualquier palabra.
—Vamos, Valeria. —Su tono volvía a ser firme, el Vicente calculador y distante estaba d