146. Ganar.
Él sonríe, esa sonrisa lenta y enigmática que me desquicia.
—Y sin embargo, aquí estamos, Valeria, siempre saliendo a flote.
De repente, el sonido de un disparo rompe el aire.
Mi corazón da un vuelco, y antes de que pueda reaccionar, Vicente ya ha dado un giro brusco al volante. El auto derrapa en la curva, y puedo ver, a través del retrovisor, un par de luces acercándose a toda velocidad.
—Nos encontraron, —digo, sin sorpresa, aunque mi estómago se ha retorcido en un nudo.
—Por supuesto que lo